23 abril 2012

ARGENTINA NECESITA NUEVAS "BASES"

Días pasados se publicó la décimo primera edición del Global Information Technology Report y del ranking de países del índice NRI (Networked Readiness Index) -una medida de la preparación de un país para participar y beneficiarse de los desarrollos de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC)- confirmando la grave radiografía de la Argentina, que aparece en la posición 92 en el ranking general y 13 en la región.

Para la elaboración del índice NRI se analizan 53 variables, que luego se agrupan, a partir de esta nueva edición, en cuatro subíndices (ambiente, preparación, uso e impacto). El ranking NRI del 2012 cubre 142 países, 4 más que en el año anterior y el doble en comparación con la primera edición, y representa el 98% del PBI mundial.

El objetivo perseguido con la elaboración del índice y el ranking es despertar la atención de los líderes de cada país respecto de la complejidad que conlleva el desarrollo de las TIC. Alentar la expansión de estas tecnologías e integrarlas dentro de un modelo de país requiere, como el informe bien plantea, del trabajo coordinado y sostenido del sector público y privado, dentro de una visión consensuada de país de largo plazo.

La Argentina vuelve a aparece en una incómoda posición. Su ubicación 92 es apenas 4 lugares mejor que la del año anterior, pero aún sigue a más de 30 lugares en comparación con la mejor ubicación alcanzada.

Dentro del grupo de países de la región, el puesto 13 significa una ligera mejora respecto 2011 aunque aún lejos de la séptima ubicación mostrada hace 6 años, situando al país a la cabeza del grupo de peor rendimiento latinoamericano, que incluye entre otros a Ecuador (96), Perú (106), Venezuela (107), Paraguay (111), Bolivia (127) y Haití (142).

El análisis del detalle de los indicadores que conforman el NRI de la Argentina es tan alarmante como la foto general. De las 53 variables relevadas, 18, o sea el 34%, mide por debajo del puesto 100, mostrando algunas variables en una situación realmente alarmante, como ser la presión fiscal (139), la efectividad de los cuerpos legislativos (136) y del sistema legal (136), la importancia otorgada por el gobierno a la cuestión de las TICs (135), la complejidad para iniciar un negocio (133) y la protección de los derechos de propiedad (128).

En el escueto párrafo que el informe dedica a la Argentina, se vuelve a advertir sobre  actitudes y roles diferentes cumplidos por individuos, empresas y gobierno. Se indica que, en la medida que el gobierno no establezca una clara priorización del tema en su agenda de largo plazo y que no se establezcan mejores condiciones políticas y regulatorias así como condiciones favorables para el desarrollo del emprendedorismo y la innovación, es difícil que el país vire hacía un modelo económico productivo más intensivo en el uso del conocimiento.

El informe, muy a nuestro pesar, vuelve a mostrar una radiografía del país que coincide con el temario de cuestiones que ocupan a la dirigencia, y que desvía atención y recursos hacia actividades y discusiones de escaso valor agregado para la sociedad. Pelearse con Estados Unidos (8 en el ranking) o con el Reino Unido (10) y aliarse con Angola (140), es sintomático de un problema más profundo y complejo, vinculado a una visión de modelo de país, o a una incapacidad dirigencial. Cualquiera sea el caso, al comparar esa situación con otras agendas y realidades, tanto en la región (Chile 39, Uruguay 44) como en otras partes del mundo, es posible desnudar las oportunidades que la sociedad desperdicia frente a la extraordinaria oportunidad que significan las TICs.

El informe del año anterior señalaba que para beneficiarse de la potencialidad de estas tecnologías era necesario crear un ecosistema productivo digital, desarrollando y entrelazando el sistema educativo, el de la salud, el energético, el del transporte y el de los servicios públicos. Esta sugerencia y llamamiento, en vista de los resultados obtenidos hasta el momento y relevados por el informe, subsiste para nuestro país.

El mundo ha iniciado en la década de los 90 una transformación sin precedentes en la historia de la humanidad. Internet (1991), google (1998), wikipedia (2001) y las redes sociales (facebook 2004) crearon una nueva plataforma productiva y de libre flujo de información de la que ya participan 2.300 millones de habitantes, obligando a directivos de todas las industrias y regiones del mundo a redefinir la utilidad de las instituciones y leyes heredadas. En el nuevo escenario de la interconectividad, es útil preguntarse cuánto de lo que se viene haciendo aún sirve, y cuánto debe ser modificado, sin dogmatismos ni temores. Pero para realizar esa trascendental transformación es necesaria una disciplina de trabajo, de pensamiento y de ejecución sin la cual las cosas salen como las vemos en nuestro país.

Ojala esta publicación, más allá de la mala radiografía que nuevamente se muestra de Argentina, permitan a líderes y directivos locales comenzar a discutir y acordar las nuevas “Bases” en un modelo de país más justo, equitativo y próspero pero en sintonía con nueva cultura digital y más amigado con la sociedad del conocimiento.


08 abril 2012

El café y los estereotipos
Columna publicada en Diario UNO de Mendoza, el 08/abr/2012

De acuerdo con el trabajo de Simon, Bazerman y otros, el proceso de toma de decisiones en el hombre no responde a un proceso puramente racional, sino que está condicionado por múltiples presiones y limitaciones de recursos. A veces nos falta información. Otras veces carecemos de tiempo para analizarla. Con frecuencia nos ocurren ambas cosas.

Frente a esta problemática el hombre se comporta como un ser de racionalidad limitada, imperfecta, desarrollando atajos mentales que le permiten optimizar tiempo de análisis. La heurística es el conjunto de reglas prácticas que se desprende de los atajos mentales. Para el tomador de decisiones, estas reglas son un recurso valioso pues ayudan a simplificar y resolver problemas sin necesidad de recurrir a un análisis completo. Cuando funcionan en forma adecuada, permiten ahorrar muchos recursos intelectuales y directivos. El problema de la heurística es que puede fallar, produciendo desvíos en el juicio. Un tipo de desvío en el juicio es el de la representatividad, producida por estereotipos.

Los estereotipos son representaciones imaginarias que construimos en nuestras mentes a partir de información que observamos y analizamos. No se corresponden a un análisis exhaustivo, racional ni objetivo, sino simplemente a la manera en la cual los datos, las ideas y las imágenes que procesamos se alojan en nuestras mentes a partir de atajos mentales e inferencias que realizamos con el objetivo de optimizar la tarea de análisis, clasificación y resolución de problemas. Cuando nos enfrentamos con situaciones o problemas que advertimos que son recurrentes o repetitivas, enseguida las clasificamos y estereotipificamos como tales, aplicándoles, sin mucho análisis adicional, el mismo método de resolución utilizado en el pasado.

Los estereotipos y sus problemas de representatividad nos pueden llevar a conclusiones precipitadas y a decisiones irracionales. Veamos un ejemplo ilustrativo y cercano.

Resulta que me gusta mucho tomar café, después de comer o simplemente para compartir una conversación con amigos o un cigarro. Y cuando me siento en la mesa de un bar o restaurante y pido un café, casi siempre veo con sorpresa que me traen un café cortado. Entonces decidí indagar.

Al principio, supuse que el error se debía a que mi pedido no era lo suficientemente claro o explícito. Comencé a prestar atención a este aspecto pero la situación no mejoró. Luego imaginé que la confusión se debía a que los mozos no me prestaban atención al momento de ordenar. Me aseguré que esta situación no generase dudas pero la situación tampoco se corrigió. Intrigado, intenté advertir si el error sólo ocurría en los lugares donde tomaba café por primera vez. Pronto advertí que se repetía inclusive donde realizaba frecuentemente el mismo pedido en el mismo horario del día. Como último recurso de indagación intenté analizar si el problema ocurría porque había otros pedidos cercanos inmediatos (ya sea de compañeros de mesa o de mesas cercanas) que condicionaban el mío. El resultado fue el mismo, ya que se repetía la situación aún cuando todos los demás comensales pedían café.

Fue entonces cuando llegue a una conclusión: ¡tengo cara de café cortado! O, al menos, respondo al estereotipo de las personas que piden café cortado cuando se sientan en la mesa de un bar o restaurante. Esta conclusión no me hizo cambiar de hábitos de bebida, pero sí me hizo reflexionar sobre los estereotipos, sus orígenes y consecuencias.

Es justo decir que los mozos son sofisticados procesadores de información. Su función consiste en cargar y descargar datos todo el tiempo. Y su tarea se ve aliviada si pueden desarrollar un fiable sistema heurístico de atajos mentales. Indudablemente el consumo de café responde a algunos estereotipos, y el consumo de café cortado a otros. Desconozco las características de cada uno, pero yo estoy claramente identificado en el segundo grupo. Puedo hacer algunas suposiciones de cada estereotipo vinculadas a la vestimenta, apariencia física, rasgos de estrés y otros elementos para cada supuesto patrón, pero serían solo suposiciones.

Traslademos este pequeño ejemplo, de apariencia inofensiva, al terreno de las organizaciones. ¿Cuántas veces realizamos inferencias equivocadas a partir de observaciones o juicios apresurados viciados por problemas de representatividad? Pensemos en la contratación de una persona, en la aprobación del lanzamiento de un producto, en el reclamo de un cliente, en el armado de un presupuesto anual, o en la sugerencia de un colega o colaborador. Es cierto que es difícil cuantificar el impacto de las malas decisiones tomadas por problemas de estereotipificación, pero ahora estamos advertidos que el problema existe, y que debemos tomar los recaudos necesarios para minimizarlos.

Mi vida como consumidor de café convive sin mayores sobresaltos con este problema. Sin embargo, tengo bien identificados los lugares donde soy tratado como un cliente y no como un café cortado. Y supongo que a todos los clientes y empleados que padecen experiencias similares les pasa lo mismo.

A veces, lo barato sale caro. Ahorrar atención o análisis valiéndonos de atajos mentales puede conducirnos a decisiones incorrectas, y a resultados indeseados.
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