Columna publicada en El Cronista, el 28/feb/2012
De acuerdo al último Anuario de Estadísticas Universitarias, publicado por la Secretaría de Políticas Universitarias, los alumnos de maestrías representan menos del 2% del total de la población de educación superior en la Argentina. Esto sugiere que, aún cuando estos programas sean hoy mucho más populares que años atrás, mantienen una condición de exclusividad que les otorga un buen valor de mercado cuando son bien utilizados y capitalizados.
Otra estadística, aunque un poco más informal, indica que menos del 5% de quienes completan una maestría continúan luego con otros programas estructurados de posgrado. O sea que casi la totalidad de quienes cursan maestrías realizan solo una en su vida. Esto significa que la decisión de embarcarse en una maestría, así como la elección del momento para realizarla, la especialidad del programa, el formato y modalidad de cursada son elementos que requieren un importante rigor en la toma de decisiones.
Es que realizar una maestría es una decisión sumamente importante, reservada solo para un grupo de profesionales dispuestos, durante dos años, a renunciar a muchas cosas que aprecian y a distraer la atención de aspectos que consideran relegables, con el objetivo de lograr una nueva plataforma de conocimientos y competencias que permita concretar un salto cualitativo en sus trayectos profesionales o, al menos, una aceleración.
Son muchos los elementos que intervienen en la elección de la maestría que mejor se adapta a las necesidades de cada individuo. Sin embargo, exite un conjunto de características que, a traves del tiempo, han desmotrado ser importantes en todos los contextos. Y el network o la red de contactos está incluido dentro de este conjunto, así que me concentraré en su análisis.
¿Por qué es importante la red contactos? La respuesta obvia es que, cuanta más gente uno conoce, mayores oportunidades profesionales uno posee. Esto es parcialmente cierto. Veamos.
Es cierto que cuando uno expande su red de relaciones y conoce personas de otras empresas, funciones, trayectos directivos, culturas o países, mayor es la exposición que el perfil de uno tiene frente a potenciales oportunidades profesionales. Esto abarcaría desde un posible cambio laboral (de empresa, de función o de carrera), hasta la contratación o una asociación para iniciar un nuevo emprendimiento.
Sergei Brin y Larry Page, fundadores de Google, se conocieron en Stanford y lo mismo ocurrió con Bill Hewlett y David Packard. La génesis de Facebook, Despegar.com, De Remate.com, Sónico, Groupon de Argentina y tantas otras empresas también repite el patrón de asociación en las aulas.
O sea que la exposición a otros y la expansión de la red genera oportunidades. Digo que es solo parcialmente cierto, pues esto no es un proceso que se dé automáticamente, sino que hay que trabajarlo y cultivarlo. Por cada empresa nueva que se lanza o cambio laboral que se consuma, hay muchos más que quedan en el camino.
Sin embargo, una razón que considero más importante que la anterior, y menos obvia, es que la expansión de la red de contactos favorece el pensamiento multidisciplinario. Cuando un ingeniero de una empresa de software debe discutir casos de estudio con un abogado de una empresa pública, cuando una psicóloga del área de Recursos Humanos debe contra argumentar con un directivo de Finanzas de un banco o un biólogo debe sugerir un plan de acción a una politóloga uno se ve forzado a pensar más allá de sus realidades profesionales conocidas, circundantes e inmediatas. Este ejercicio, sostenido en el tiempo, favorece una estructura de pensamiento más rica, ingeniosa y creativa.
El pensamiento multidisciplinario se encuentra dentro del conjunto de competencias denominadas blandas o aplicadas y forma parte del exquisito menú de ingredientes que hoy se demanda de los directivos de cualquier industria y función.
No siempre resulta sencillo encontrar la oportunidad para desarrollarlo, pues las responsabilidades funcionales suelen delimitar el campo de temas y problemáticas a las que uno está cotidianamente expuesto. Por ello, la expansión del network que uno puede experimentar cursando una maestría estructurada resulta una ocasión extraordinaria, no sólo para generar otras oportunidades de progreso profesional.
No siempre resulta sencillo encontrar la oportunidad para desarrollarlo, pues las responsabilidades funcionales suelen delimitar el campo de temas y problemáticas a las que uno está cotidianamente expuesto. Por ello, la expansión del network que uno puede experimentar cursando una maestría estructurada resulta una ocasión extraordinaria, no sólo para generar otras oportunidades de progreso profesional.